Los paraguas inundan las veredas del microcentro en la temporada de lluvia y en este verano que se acerca a su fin con abundante agua, las ventas han aumentado al menos el 20% respecto a 2025 en comercios, pero no entre los ambulantes. El más requerido es el plegable, práctico para llevarlo en bolsos o mochilas, y en la elección influye la moda y el género.
En los locales, la actividad se mantiene durante todo el año con ventas rápidas y constantes, aunque la demanda aumenta en temporada de lluvias. Lidia, encargada de un negocio que vende paraguas por mayor y por menor, calcula que los precios oscilan entre $7.000 y $16.000 y que todos los que comercializan son importados (aunque algunos llegan a los $25.000). “La mayoría viene de China”, dice en referencia a que el 90% tiene ese origen. El comercio funciona como sucursal de una empresa que repone mercadería dos veces al año, y cada sucursal se reabastece cuando el stock se agota.
Horacio Cutin, dueño de otro negocio del microcentro, coincide en que las tormentas influyen directamente en la venta. Trabaja con dos proveedores y la mayoría de su mercadería también es china, pero tiene modelos importados de España en cantidade limitada. “Se diferencian por la tela y el diseño”, explica. Los modelos más exclusivos, provenientes de Europa, pueden costar hasta $80.000, pero los económicos siguen siendo los más buscados. “La gente suele elegir los más baratos, porque es común que se pierdan o se rompan y prefieren no hacer una compra tan cara. Y opta más los plegables que por los grandes”, señala. Así, la practicidad es crucial; y ahí está el modelo mini plegable. Durante los días de lluvia las ventas aumentan porque responden a una necesidad inmediata, “es una venta reactiva”, señala; mientras que en otros momentos se prioriza el regalo.
Las preferencias cambian según el público. Los colores responden a tendencias similares a las de la indumentaria y muchos clientes eligen cuál para combinarlo con la ropa. “Vienen por el color de temporada, que cambia cada año”, comenta Lidia. Aunque el movimiento es constante, pero no existe un modelo que concentre la preferencia de los clientes. “Se vende todo”, afirmó.
“Los hombres suelen elegir lo más clásico y monocromático, como negro liso”, describe Cutin, así como los más grandes, conocidos como “golferos”. Las mujeres, en cambio, suelen inclinarse por estampados.
Aunque se trata de un objeto sencillo, también existen servicios para extender su vida útil. “Algunas zapaterías o marroquinerías pueden reparar pequeñas cosas del paraguas”, admite Cutin y aclara una confusión frecuente: muchas personas llaman sombrilla al paraguas, pero son productos distintos. La sombrilla está hecha con telas más livianas y no impermeables, para protegerse del sol.
La presencia de paraguas importados refleja cambios profundos en la industria. Horacio Rodríguez, dueño de una fábrica en Buenos Aires, indica que la producción nacional se redujo de manera drástica en las últimas décadas: “Antes había 32 fábricas, hoy solo queda una, la nuestra”. La empresa fue fundada por su abuelo en 1925 y llegó a ser una de las primeras del país, en una época en la que, especialmente desde la década de 1940, se multiplicaron los talleres.
Hoy su emprendimiento produce paraguas, realiza reparaciones y envía productos a todo el país. Sin embargo, varios componentes esenciales deben importarse, como el armazón, las varillas y las telas. “En la pandemia la venta disminuyó mucho, y desde entonces se vende menos”, admite.
Competencia callejera
A diferencia de los negocios, los vendedores ambulantes aseguran que las ventas son las mismas que años atrás y que la competencia es cada vez mayor.
Paolo Rossi alerta de que actualmente se vende poco, unos 10 paraguas por jornada, aunque recuerda que en su mejor día llegó a vender 30. Los precios oscilan entre $10.000 y $20.000 y el modelo más buscado es el grande.
Claudia también es vendedora ambulante y dice que todo está estancado y vende entre cinco y siete por día. El más barato cuesta $8.000 y el más caro, $20.000. Compra la mercadería a un proveedor que la trae desde Bolivia y su mayor dificultad es la gran cantidad de ambulantes que ofrecen lo mismo. Raúl también dice que vende menos que antes, rondando los siete paraguas diarios, de entre $10.000 y $20.000. Las ventas dependen en mayor medida del clima, del flujo de personas y de la competencia.
Detrás de un objeto cotidiano se refleja un mercado diverso, en el que participan comercios , ambulantes y productores nacionales cada vez más limitados. El rubro sigue adaptándose a los cambios del consumo y de la oferta disponible.